La lástima, la empatía o la compasión no son lo mismo

¿Síndrome del Salvador?

La lástima, la empatía o la compasión no son lo mismo

Desde una definición clásica podríamos decir que hay muchos elementos en común en
estos tres conceptos. Lástima sería sentir dolor por el sufrimiento del otro. La empatía es la
capacidad de sentir en uno mismo, tal y como siente el otro. Y la compasión es el
sufrimiento con el otro de que éste está viviendo un dolor. Si siento compasión es que
siento pena y … de alguna manera empatía por el otro.

Ahora bien.

Si miramos un poco más a fondo, después de desarrollos de la psicología en sus versiones
familiar y sistémica nos dan nuevas luces a estos conceptos. Con ello, miramos además si
hay conexión real con el otro sujeto (de uno a uno, o sea Sujeto-Sujeto) o cuando no hay
conexión real (el otro es inferior o superior a mi).

En primer lugar, cuando miramos con lástima, miramos al otro con paternalismo como un
ser con dificultad que es menos que nosotros. Se trata de una relación Sujeto-Objeto
donde nos dirigimos al otro como “pobre” o “pobrecito”. La mirada con pena o lástima nos
pone por encima como un ser que puede (o debe) ayudar. Y no tiene en cuenta, la
capacidad personal de la otra persona. Sin darnos cuenta, al mirarlo así, lo
desempoderamos al verlo como incapaz, más que como capaz con todo un potencial por
descubrir aunque esté haciendo lo mejor que puede. El comentario lastimoso minusvalora
la capacidad de autorregeneración de la persona de sobreponerse a su problema. No lo ve
como un igual sino como un inferior que no puede ayudarse a si mismo, sin mi. Soy
indispensable para esa persona. De ahi siento mi poder de “salvar”.

En el caso que alguien se esté ahogando, es un momento puntual que si viene alguien a
salvarnos la vida, es una acción “salvadora” útil, indispensable y necesaria. El problema
viene cuando se repite la misma acción del salvar a la misma persona una y otra vez.
Cuando no nos damos cuenta que esa persona necesita saber nadar por si misma. Si la
salvamos un día pero no le enseñamos a nadar, la volvemos dependiente y a la larga
exigente con derechos que podria creer que va adquiriendo. “Pan para hoy, hambre para
mañana”.

En segundo lugar, cuando sentimos lástima por alguien, en verdad no estamos “viendo” a
la otra persona. No existe una conexión real con ella. Ya que no la veo como un ser igual a
mí y con sus capacidades. Veo la parte de esa persona que no puede o no sabe. Y esa
lástima, nos coloca al mismo tiempo por encima de esa persona, y una parte de nosotros o
nosotras se siente superior o con cierto poder (aunque sea de ayudarla y de que salga de
una situación de necesidad o incapacidad).

Respecto a la empatía. Al ser una palabra de moda, solemos indenfificar que la empatía es
una virtud. Aun así, cuando siento empatía me idenfico con la emoción o proyección de lo
que le ocurre a la otra persona. En ese sentido, no hay distancia ni con la emoción ni con la
otra persona, Por tanto, la perspectiva se puede perder. La empatía es la capacidad de sentir o comprender la experiencia emocional de otra persona. Desde la Gestalt, la empatía
aunque pueda sentir cierta identificación, sí que se da en una relación sujeto-sujeto. Una
relación humana.

Por último, el budismo ha desarrollado la palabra compasión. Mientras que la versión
cristiana clásica de la compasión sería una variante de la caridad. En el budismo, con la
compasión nos conmovemos pero no estamos sufriendo (con ella). O sea, se trata de una
relacion de iguales, Sujeto-Sujeto donde no estamos identificados con esas emociones. No
nos fusionamos ni nos mezclamos con esas emociones. Hay distancia. Pero podemos estar
ante el sufrimiento del otro y sostener ese dolor. Podría existir empatía pero sin sufrimiento
y con un grado de observación y de presencia más que de identificación.

Según el fallecido maestro budista de Viet Nam Thich Nhat Hann, compasión es dar visión,
mientras que según el Dalai Lama, compasión es el amor con coraje.

En conclusión, de las tres podemos extraer que la virtud de la compasión, realmente
considera al otro como un ser válido y aunque pueda ayudar a la otra persona, es muy
sensible a lo que la otra persona sea capaz de hacer por si misma. Pues la lástima, puede
anteponer mi necesidad de ayudar y de apagar mi culpa. Haciendo eso, puedo infravalorar
la capacidad de resiliencia de la otra persona y desempoderarla.

Hay un ejemplo ilustrativo de la naturaleza nos puede ayudar a entender la idea de forma
metafórica. Si cuando un poyuelo está aun dentro del huevo, sé que está intentando salir
del huevo. Si por pena rompo el huevo para que pueda salir el poyuelo, el poyuelo morirá.
Yo me habré sentido que he hecho algo, pero esa acción, fruto de mi necesidad de hacer
algo, de salvar, lo que en verdad consigue es que me sienta yo mejor, de forma
desconectaada con las necesidades reales de la naturalezaa.

Mientras que si dejo que se rompa solo el huevo, permitiré que nazca vivo el poyuelo en
el momento que la naturaleza considera necesario.

Curiosamente, la terapia sistémica considera a la pena como una falta de respeto por el
camino vital y el destino de la otra persona. Como si la pena pudiera invalidar la energía de
autosuperación del otro. Cuando evitamos escuchar y queremos enseguida dar soluciones,
de hecho nos ponemos por encima de esa persona y al darle soluciones sin su permiso, de
hecho la invalidamos y de hecho,no somos capaces de estar realmente presentes ante ella.

Y, quizás te preguntas, para qué nos interesa diferenciar estos tres conceptos.

Una razón puede ser para dar claridad en caso que te consideres la tipica persona “dadora”
pero que acaba cansada y que en el fondo esperas que te ayuden o recibir algo más.
Puede ser que seas “dadora” con la familia, con los amigos o en el trabajo. Que sientas
que siempre das, o que te consideras o consideran como una persona solidaria. Pues esta
diferencia te puede ayudar para darte cuenta que a veces, es mejor para la otra persona
que no le des. Ya que a veces dar puedes querer dar, más por necesidad de “salvar”, por
apagara una “culpa”, más que por la genuina acción de contribuir al otro.

Cuando la ayuda está desconectada del otro y no se basa en una relación horizontal
Sujeto-Sujeto, esa ayuda no generará aprendizaje sino que puede ser una ayuda
paternalista y a la larga tiene el riesgo de generar dependencia, codependencia ,beneficios
secundarios por parte del que recibe (o da) la ayuda, y… agotamiento final de ambas
partes.

¿Te resuena algo esto?

Si deseas trabajar más a fondo el tema, puedes contactarme y profundizaremos en ello,
para que liberes de creencias que te impiden avanzar en tu vida y conectar con tu
creatividad, calma y coraje auténtico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
Earthly Elegance
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.