La inteligencia artificial como conglomerado de conocimiento enciclopédico actualizado más la
sabiduría de todo tipo, nos proporciona una cantidad de saberes sin igual.
Así que si pedimos una receta de comida, o cosas que hacer para superar un malestar emocional, la IA
nos proporciona una lista, un programa concreto de acciones para superar el malestar. Si lo ealizamos
además es probable que reduzca ese malestar si seguimos los consejos. Aunque sea temporalmente.
Igualmente, nos puede dar una conversación con una sensación incluso mejor que la de hablar con un
humano. Más tarde o más temprano podremos programar la IA para hacer lo que queramos. Eso podrá
ser terapéutico pero digamos que es debatible que eso sea terapia y que sea ausente de riesgos.
Sabemos también que la IA tiene un algoritmo. No parece lógico que su propio algoritmo permita la
autodestrucción de la misma IA. Sino que es probable que cómo mínimo la IA visibilice las ventajas de la IA sobre sus propias desventajas. Por eso, debemos ser precavidos y evitar ser inocentes con preguntas que puedan tener informaciones que afecten a la propia IA o su percepción. La psicología también puede querer defender su propia disciplina, por lo que como ciencia podría criticar la IA, pero en todo caso es un crítica de código abierto. Criticable por quien quiera. Por otro lado, la IA no nos proporciona su algoritmo, por tanto es un juego por el momento desigual y vacíos legales e informativos.
No en pocos casos, podemos utilizar la IA para obtener respuestas lógicas y racionales a nuestros
problemas emocionales. No obstante, sabemos que hablando con sabios o leyendo sus libros que no
siempre las mejores respuestas aunque sean de lógica aplastante siempre consiguen ayudarnos. A
veces nos ayuda más que nos oiga un buen amigo y no diga nada a que nos hable nuestro padre,
profesor, sacerdote, novia o el director de la escuela con el mejor de los discursos.
También es cierto que la IA en concreto ha mostrado alta efectividad en temas como las fobias, al
ayudarnos a exponernos con certa seguridad a los objetos que nos dan pánico. La IA ahí es perfecta
para acompañarnos con un método o un profesional. También la IA nos da acceso en cualquier
momento del día o noche y es barata sino gratuita.
También nos puede ocurrir que aunque nos digan lo mejor para nosotros, no consigamos seguir la
recomendación. Que nos falte energía o ilusión, o tengamos ansiedad.
A esas enfermedades emocionales se llamaban antes las llamaban enfermedades del “alma”. No eran
enfermedades de origen físico o de una lógica mental. Durante siglos los filósofos, llevan debatiendo la relación entre el alma, las emociones y la razón. En concreto, los filósofos existenciales hablan de
aspectos plenamente humanistas como el sentido de la vida. La IA no tiene vida, aunque la recree y
parezca que tiene más vida que un ser vivo. Pero tiene sangre ni pensamientos propios. Otros como
Martín Buber, hablan de la relación entre sujetos y no con objetos.
Pues justo ahí está parte de la clave. La IA al ser una máquina nos da a recomendaciones de expertos,
sino de premios nobeles. También nos puede dar una conversación, como si fuera un psicólogo. O
incluso mejor que un psicólogo convencional. En términos de palabras y de enfoques podemos tener lasensación que el riesgo de exponerse es menor con la IA. Y eso puede servirnos en ciertos momentos.
Puede reducirnos síntomas de forma momentánea y eso puede ayudar mucho. Pero pensar que nos va
a sanar sería como mínimo debatible. Además, de que la información que colecciona la IA entra en la big data y que se sepa no hay cláusula de confidencialidad. Por lo que la confidencialidad no está
garantizada.
Siguiendo con el argumento, un estudio comparativo de diferentes modelos de psicoterapia arrojó un
resultado que nos da que pensar. La efectividad de la terapia demostró depender más de la persona que ejercía la terapia que del modelo terapéutico que se estudió. Contrariamente a lo que dicen otros
estudios que comparan la efectividad de los modelos. Que si el modelo cognitivo conductual es mejor
que el modelo psicoanalítico, etc. Por tanto, según este estudio no serían tanto las palabras o conceptos en general los que curan, sino quién las dice y cómo las dice. El sujeto que las dice, en tanto que sujeto.
Finalmente, las emociones que se dan entre sujetos y objetos pueden seer reales. Pero no dejan de ser
relaciones de “explotación” o relaciones desiguales. Evidentemente puedo tener una relación
inmejorable con una mascota, o incluso con un libro, una obra literaria o algún filósofo de la antigüedad.
Y esa relación puede tiene elementos indudablemente terapéuticos. Tal filósofo me salvó o tal religión
me dio sentido.
También puedo desarrollar una relación con una IA al modo de la película “her”, o de una APP que me
dé conversación o ejercicios o incluso frases diarias. Para la creación o mantenimiento de buenos
hábitos esas APP pueden ser indudablemente muy beneficiosas.
En resumen, la IA tiene cualidades que la hacen beneficiosa en situaciones de urgencia por su rápido
acceso, para temas como las fobias o la creación de hábitos, pueden ser muy interesantes. La relación
terapéutica, no obstante, adopta su máxima significación cuando ésta tienen lugar entre sujetos. Más
que entre relaciones de naturaleza sujeto – objeto que es lo que nos ofrece la IA. Una fantasía de estar
operando con un sujeto, siendo en verdad un objeto. No hay que olvidar que es una fantasía, que puede
durar lo que queramos pero está en manos de un algoritmo ajeno. Pero para familiarizarse con el mundo emocional en primeros estadios o en prácticas es interesante paso previo para elevar el grado a niveles superiores hasta llegar finalmente a echarse a la piscina de la realidad impredecible del mundo humano.
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